El funcionamiento de un reactor industrial está diseñado para permitir las reacciones químicas deseadas en condiciones óptimas. Esto se consigue controlando con precisión parámetros como la temperatura, la presión y la velocidad de mezcla. Las materias primas, también conocidas como reactivos, se introducen en el reactor, donde reaccionan entre sí en condiciones controladas. Los sistemas permiten una dosificación precisa de los componentes, que puede realizarse de forma manual o automática, según sea necesario. Mediante el uso de sistemas de dosificación avanzados (gravimétricos, volumétricos o combinados), se mantiene la receta exacta en todo momento, lo que da como resultado una alta calidad constante del producto.
Los reactores también están equipados con modernos sistemas de regulación de la temperatura y la presión, que garantizan un control estable del proceso incluso en condiciones extremas. La supervisión continua de la viscosidad y el valor del pH durante todo el proceso de reacción garantiza que la calidad del producto se mantenga constante y se eviten reacciones secundarias indeseables.
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